miércoles, 19 de octubre de 2011

Paloma carroñera


  Ella se sumergió en sus propios ojos, se ahogo en su propia mirada, se estremeció con el propio sonido de su voz.  Se encarcelo en un laberinto de pensamientos libres, y ardió en un abanico de brisa fresca.
  ¿Quién eres y que te crees? ¿Quién te llama a venir aquí? ¡Aquí todos estamos de lo más bien! ¡Aquí yo solo! Oh  martirio de perdones sin fondos, castigo de preescolar ¿Quién acabará con está desdicha? Dícese de persona que se atreve a entrometerse en lo que a nadie le incumbe, en lo cual nadie tiene dueño ¡Pájaros, truenos y semáforos! Una tormenta de comunicaciones en la ciudad, un diluvio de sequía a gran escala ¿De quien es la culpa? ¿Es de la globalización, de la iglesia, del estado, de la sociedad? ¡La culpa es de todos nosotros hijos de puta! La culpa es de quien no quiso aceptarla.
 Maldito seas genio inmortal de la música, árbol sin ramas y sin raíces, pero más árbol que todos los otros juntos ¿Quién mierda te crees? Maestro de las divinas escrituras encarnado en un político mentiroso, corrupto e inexistente.
 Nadie te siente como yo, nadie te escucha, miente y discierne como yo. Al final todos queremos ser pájaros, y no me estoy refiriendo a coloridas aves tropicales, ni a esplendorosas criaturas con su pecho lleno de orgullo ¡Me refiero a palomas! Palomas que levantan su  pecho, quizás, quien sabe, con orgullo, otros prefieren la carroña antes que las semillas, otros los gusanos, antes que masticar del fruto prohibido. ¡Yo no soy un pájaro! Yo soy el gusano, yo soy el cadáver, y otro listado de sacrilegios a la moral y a las buenas costumbres ¿Y tú, mi luna? ¿Qué eres? Eres la semilla, el fruto prohibido, la vegetación silvestre ¡Devorada por las palomas! Que levantan su pecho con orgullo.
 Al final de los días te terminarán por arrancar los ojos y ya no tendrás una  mirada en la cual ahogarte, ni una sola lágrima en la cual poder escapar, con un bote y dos remos. Al final de los días ya no tendremos cosas que recordar, ni sueños que concretar, por que lo que nos depara para el final de los días queridos lectores, es rebajarnos a comer la mierda que se arraiga al suelo de las plazas.

Paulo Díaz Sánchez

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